La trofologia, es la ciencia que nos enseña a cultivar o restablecer la salud mediante la una alimentación adecuada a las necesidades de nuestro cuerpo. Una alimentación natural es una forma de evitar enfermarse porque, todas nuestras funciones orgánicas dependen de la calidad de nuestra sangre; y esta es producto de nuestra digestión. Los alimentos adecuados producen sangre pura con tejidos y órganos sanos y una alimentación inadecuada produce sangre impura y altera las funciones orgánicas.
Como bien señalaba Lazaeta:
“Una sangre nutrida por frutas crudas, será fluida, vitalizada y alcalina. Son los ácidos que provienen de las fermentaciones pútridas del intestino los que acidifican la sangre, irritan, inflaman y congestionan los tejidos y órganos de nuestro cuerpo, produciendo los trastornos catalogados con los diversos nombres con los que se clasifican los síntomas o manifestaciones diversas de la única enfermedad que existe: impurificación de la sangre por mala nutrición y deficientes eliminaciones.”
Y es que digerir alimentos es formar sangre, ya lo dijo Hipócrates: “ que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento”
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Suscribirme en SubstackY el ejemplo práctico de la importancia de la alimentación para mantener y recobrar la salud la tenemos en los Hunzas.
La tribu de los Hunzas
El descubrimiento del secreto de los Hunzas, el único pueblo de la tierra que no tiene enfermedades, incluso las que se le atribuyen a la vejez, se remonta a principios de este siglo.
La forma de vida de este asombroso pueblo, fue revelado al público por el dietético suizo Ralph Bircher mediante su libro Los Hunza. En 1900, un joven médico inglés llamado McCarrison llegó al norte de la India para asumir un puesto de médico del estado. Su trabajo consistía en controlar regularmente la situación sanitaria de la región y atender a sus habitantes en caso de enfermedad.
Con el tiempo, el gobierno le nombró jefe del servicio sanitario indobritánico. En el trascurso de los años, sus viajes le llevaron hasta los más apartados rincones del país. De entre todas las tribus que el doctor visitó, había una, que no tenia ni una sola enfermedad, la tribu de los Hunza. Los indígenas que la componían, poseían un inalterable optimismo. Hombres y mujeres alcanzaban una avanzada edad sin perder el vigor físico y mental.
McCarrison quedo tan impresionado, que decidió allí mismo un laboratorio de investigación. Y después de estudiar durante muchos años su clima, su entorno y su modo de vida. Llego a la conclusión que la respuesta estaba en su alimentación.

La Dieta de los Hunzas
La región donde viven los hunzas se situa más o menos en el punto donde contactan China, Rusia, Afganistán y la India en el borde sur de la meseta de Pamir.
La alimentación de este pueblo es a base de cereales y de frutas. Con los cereales cosechados en primavera, fabrican una harina gris e integral cuyo consumo planifican de una manera curiosa.
Cada familia conserva su grano en sacos y solo lo muelen a medida que lo van necesitando. La harina fresca es amasada con agua y sin levadura, se dispone en forma de galletas aplastadas, se cuece rápidamente en el fogón y se come aún caliente.
Comen todos los días en forma de papilla mijo, cebada y trigo sarraceno. Cuando comienza la primavera comen ensaladas de trigo nuevo puesto a germinar que es lo que aquí conocemos germinado de trigo o verde de trigo. Y en ocasiones consumen maiz sin madurar, en estado lechoso.
La fruta es otra fuente especial de alimentación: moras, cerezas, melocotones, azufaifas o dátil rojo, granadas, melones, peras, manzanas y uvas. Y el famoso albaricoque hunza, obtenido mediante injertos y selecciones. Dejan madurar la fruta para el mayor tiempo posible para poder comerla fresca, maximizando su sabor y contenido nutricional. Además, los Hunza también son conocidos por secar algunas frutas, como los albaricoques, para conservarlas durante los meses en que las frutas frescas no están disponibles.
Solo comen algo de carne dos o tres veces al mes, muy raras veces comen huevos y la leche sola la consumen en forma de queso de leche agria en las comidas.
Completan su comida con vegetales de todo tipo, consumiendo bastantes patatas y tomates, pero en menor cantidad que la fruta.
Pero lo más curioso de los Hunza es que cada primavera, aprovechando que las reservas de cereales y albaricoque están prácticamente agotadas, practican 5 semanas de semi ayuno haciéndolo coincidir con los trabajos mas duros del campo.
Desconocen el azúcar y la sal, no usan ningún estimulante ni excitante y solo comen productos locales.
Investigaciones sobre la Dieta de los Hunza
McCarrison quiso ensayar con esa dieta y para ello reunió 1.200 ratas. A la mitad de ellas les dio alimentación típica de los hunzas, y nutrió a las otras seiscientas de acuerdo con el régimen alimenticio de un barrio de Londres, Whitechapel, es decir, pan blanco, carne, conservas, vegetales cocidos, confituras, arenques y diversas chucherías.
El experimento duró varios años y se sostuvo durante varias generaciones de los animales, cada una de las cuales fue inicialmente autopsiada para verificar el estado de sus órganos, principalmente el corazón y los riñones
Se notó así que las ratas de Whitechapel estaban todas afectadas, en distintos grados, por las diversas enfermedades clásicas que conocemos, y estos animalitos al envejecer, se hacían tan agresivos, que algunos terminaron por devorarse unos a otros. Por el contrario, las ratas de alimentación hunza vivieron en perfecta inteligencia y ninguna de ellas presentó, al realizarse la autopsia, ningún síntoma patológico.
Forma de Vida de los Hunza
Estas observaciones de McCarrison suscitaron un enorme interés en Inglaterra. Algunos años más tarde, otro científico, el lingüista danés David Lorimer, partió con su esposa hacia el país hunza a fin de estudiar su lengua. Los Lorimer pasaron quince meses entre esos hombres que desconocían las enfermedades. De allí regresaron estupefactos, confirmando en todos sus puntos por medio de escritos y declaraciones las informaciones y experiencias llevadas a cabo por McCarrison.
Una anécdota relatada por Lorimer basta para dar una clara idea de prolongada vitalidad y juventud de los hunzas. El científico encontró un día una anciana que daba el pecho a un niño hunza, que no son destetados hasta dos o tres años. Asombrado por este hecho, le preguntó:
– Este niño es seguramente su nieto ¿verdad?
– No -respondió la anciana- es un bisnieto. ¡Yo sola lo he criado y mire que fuerte está!
Pero en el pais de los hounzas tales hazañas pasan completamente inadvertidas. Ralph Bircher, del cual hemos obtenido informaciones sobre los hunzas, hace notar en relación con su buena salud la consiguiente resistencia fisica
Los viajeros que emprenden grandes ascensiones al Himalaya o en la región de Karakoram siempre han manifestado su preferencia por los guias hunzas. El coronel Schomberg, jefe militar inglés muy conocido, observaba un dia por con unos prismáticos una columna de cargadores que trepaban por una de las montañas y al preguntar le dijeron que eran hunzas.
¿Porqué saben que se trata de hunzas?, preguntó sorprendido el coronel. Y le respondieron que por su forma de andar, que es muy especial. Y efectivamente, su andar tenía algo de alado. Cuando durante la ascensión hay que atravesar rocas resbaladizas llevando a los hombros pesados fardos, los hunza superan a todos los demás pueblos del Asia Central.
Ayudado por los hunzas un explorador avanzó dos largos meses a través de terrenos rocosos y/o cubiertos de hielo, increíblemente penosos y fatigosos. Cuando otros cargadores con sus fuerzas agotadas paraban agotados pidiendo ayuda, los hunza conservan inalterablemente las fuerzas, su espíritu de camaradería y su alegre disposición para el trabajo. La fatiga y el temor no parecen existir para ellos. Ninguna de las extremas dificultades puedes hacerles proferir una queja.




